El 3 de diciembre se conmemora el Día Internacional de las Personas con Discapacidad.

Fue en 1982, en que la Asamblea General de las Naciones Unidas declaró este día como Día Internacional de las Personas con Discapacidad para sensibilizar la opinión pública sobre la igual de los derechos, así como de la necesidad de fomentar participación en la sociedad de las personas con discapacidad.

En un contexto como el que nos encontramos en el que se están recortando presupuestos destinados al fomento de la autonomía personal (Ley de la Dependencia), en apoyo a los Centros Especiales de Trabajo, etc, que afectan directamente servicios dirigidos a las personas que forman este colectivo, o se recortan el dinero destinado al fomento de la contratación y la formación ocupacional, que de forma indirecta también afectan a muchas personas con discapacidad; sólo cabe preguntarse qué tipo de sociedad estamos construyendo.

Muchos pensábamos que el bienestar y el disfrute de una situación de vida digna eran derechos tanto consolidados que difícilmente se podían perder.

Me permitiré hacer un poco de demagogia, pero creo que no hay más remedio, porque estamos en un momento en el que la racionalidad ha dejado de ser importante y estamos entrando en la época de la visceralidad.

Estamos rescatando entidades financieras que han llegado donde llegó por el ansia del mayor beneficio, por la voluntad de especular hasta límites indescriptibles y por la codicia de unos gestores que todavía tienen que ver, al menos avergonzada, su mala gestión .

¿Qué parte de lo que destinamos necesitaríamos para salvar los Centros Especiales de Trabaja, las Viviendas con Apoyo, las Residencias, las Ayudas para cuidadores personales, etc? Y aún me quedo corto en la lista.

Las entidades financieras son sistémicas, dicen, y si caen, caemos todos. No son sistémicos los apoyos a las personas con discapacidad, o de otros servicios sociales? Lo primero que diga que no mirando a una de estas personas a los ojos, lo deberá justificar mucho, mientras tanto, con justificación o sin ella, los que tienen responsabilidades políticas quizás no lo han pensado bastante … esperamos. De otra manera no quedará más remedio que la respuesta visceral. Hace falta una ética política que debería permitir regular los límites de los recortes. No se puede permitir en una situación de crisis la permanencia en la subsistencia y hay otros posibilidades, de un discurso alternativo para priorizar los recortes administrativas y no las sociales.