Hace poco leyendo algunos textos de Platón, me di cuenta de cómo su pensamiento sobre la “polis” no es otra cosa que una serie de propuestas sobre la mejor manera de hacer funcionar una ciudad o un estado (no diferenciados en su época) y que, con la distancia cultural y temporal que nos separa, podemos incorporar algunas de sus propuestas en nuestra reflexión sobre la mejora y el funcionamiento de las organizaciones.

Platón fue un filósofo de inmensa influencia en la Grecia clásica que vivió entre los años 427 aC y 347 aC y que desarrolló un sistema filosófico de gran persistencia. Fundó la Academia (con mayúscula) que era un centro de formación en el que pretendía formar filósofos que eran los que tenían que gobernar a partir del conocimiento. En la Academia se formaban tanto chicos como chicas y la única condición para entrar era que supieran matemáticas y, evidentemente, que pertenecieran a las élites grecorromanas, pequeño detalle insignificante en aquella época. De su obra, extensa, su trabajo más importante fue “La República” en el que expone los rasgos característicos que debería tener un estado “ideal”.

Algunos, pues, de estos rasgos los queremos analizar y proponerles para una reflexión teórica sobre cómo mejorar nuestras organizaciones ya saber si no podemos acabar poniendo el embrión para desarrollar una teoría platónica de management para las entidades públicas y privadas ….

Platón liga su teoría política en la doctrina sobre el alma humana. Según él cada ser humano tiene tres tipos de alma

[1]: la concupiscible, la irascible y la racional.

El alma concupiscible asocia a los deseos más innobles, se representa con el vientre y el que tenga tendencia a ella debería ser un artesano o productor, ya que procurará satisfacer las necesidades propias y de toda la polis. El alma irascible corresponde a los deseos nobles, se representa con el pecho y es típica de los soldados, que protegen la república y defienden los demás. El alma racional es la que busca naturalmente la sabiduría y predomina en los filósofos, que es quien debería gobernar la ciudad, para poder hacerlo de la mejor manera para todos.

Sobre esta base Platón desarrolla una teoría que, en su planteamiento, se convierte clasista ya que él mantiene que cada persona nace con unas cualidades y una personalidad y es llamado a ocupar el lugar que estos rasgos le asignan, sin posibilidad de poder mejorar su situación y los que nacen artesanos convierten artesanos y tendrán hijos artesanos; los que nacen soldados convierten soldados y tendrán hijos soldados y los filósofos, mantienen sus privilegios.

Haciendo una reformulación de la teoría política de Platón hay un elemento que convierte central: las personas más preparadas para hacer una tarea son las que tienen que hacer esta tarea y yo añadiría sea cual sea su origen y favoreciendo las propias capacidades sean innatas o aprendidas. Se trata de ir en busca de personas que alcancen el equilibrio a partir de cultivar la virtud. La virtud por excelencia, según Platón, del alma concupiscible es la templanza, la moderación; la de la irascible es la fortaleza, el coraje y la de la racional es la prudencia. Todas las personas tienen aspectos de las tres partes, aunque siempre tienen una que domina, por eso hay que educar para desarrollarlas y alcanzar la perfección virtuosa.

Platón dice que cada virtud es idónea para un empleo concreto, y afirma que no tendría sentido que una persona que se rige sólo por la prudencia fuera militar, por ejemplo, por lo tanto el lugar de cada persona en la polis (teoría política) se basa en conocer las propias virtudes y aplicarlas en consecuencia.

Siguiendo con la reformulación de la teoría de Platón, la asignación de tareas que él hace en base a estas capacidades innatas, se puede hacer después de un proceso de formación que no es necesario que potencie sólo una de las virtudes sino que las combine de la mejor manera posible favoreciendo que una persona se convierta filósofo si sus capacidades lo permiten y no quede condicionado por el origen, Así, pues si el gobierno de los mejores que propone Platón, el de los filósofos, los más preparados para hacerlo, reconoce que no se da en el mundo real, se podría hacer real en una organización si se opta por poner las personas más preparadas para una tarea en el lugar correspondiente sin tener en cuenta ningún otro elemento que las capacidades. Se trataría de potenciar el hombre justo que es el que sabe tomar una decisión (racionalidad) adecuada en el momento adecuado y mantenerla con fortaleza y valentía (concupiscencia y irascibilidad), lo que iría hacia la excelencia y que crearía una ciudad excelente con personas excelentes. PRUDENCIA en griego significa saber decidir bien en el momento adecuado. Pero no basta con decidir bien, sino que hay el CORAJE y la VALENTÍA de decidir y de darle continuidad. Lo podemos ser? Sí porque el alma irascible nos lo permite, la racionalidad nos lleva y la TEMPLANZA y la MODERACIÓN nos permiten controlar los bajos instintos, por tanto practicamos ello.

De hecho, Platón afirma que el gobierno de los mejores (la aristocracia) se pasa a menudo a un gobierno basado en el poder (timocracia), que en corromperse pasa a ser un gobierno de pocos (oligarquía), y no necesariamente los más preparados.

Seguramente este proceso de corrupción de las estructuras de las organizaciones nos suena, ya que a menudo no son los mejores los que ocupan los puestos de máxima responsabilidad. Este es pues el reto. El desarrollo de las capacidades de cada uno, que permita ubicar cada persona en el mejor lugar posible es la única manera de llevar una organización a la excelencia, pero las decisiones las tomamos las personas y seguramente no lo hacemos de la mejor manera posible, ni de la manera más objetiva y acabamos dando la razón a palta: un gobierno excelente es una utopía.

[1] Para Platón el alma es la esencia auténtica del ser humano; su dimensión más importante. El alma pertenece al mundo de las ideas, inteligible, eterno y perfecto y se encarna en varios cuerpos, recordando sólo en parte el mundo del que provenía pero añorando-lo, por lo que impulsa a la persona al conocimiento ya la virtud .