Innovación, reingeniería, mejora de procesos, mejora continua o solución de problemas tienen un denominador común: hacer algo distinto que lo se estaba haciendo hasta el momento. Pero ¿cómo descubrir ideas nuevas para hacer las cosas de diferente manera?
Hablamos de innovar en el sentido más amplio de la palabra: nuevas maneras de ver las organizaciones, nuevas estrategias, nuevos procesos, nuevos productos, nuevas soluciones a nuevos o viejos problemas, tanto si son tecnológicos como si no lo son.
El primer paso para innovar es pensar y creer que las cosas se pueden hacer de otra manera. Después ver cuáles son estas “otras maneras” y por último, decidir cuál de las alternativas responde mejor a la cuestión planteada. Una buena idea puede ser la solución para ciertos problemas pero se trata sólo de un punto de partida –aunque imprescindible-, para la innovación.
Ser creativo, en el sentido de ser capaz de generar muchas ideas o ideas originales no es suficiente para dar respuesta a un problema. Debe haber un antes y un después de la creatividad.
La creatividad no puede ser un sucedáneo de la investigación y de la información actualizada. La creatividad cobra sentido a partir de conocimientos anteriores, después será necesario traducir las “protoideas” o “ideas locas”, en ideas operativas. Todo esto pide una disciplina.
Por otro lado, aunque haya personas creativas, existen muchas herramientas que ayudan a la las personas – y más en concreto a los equipos-, a generar nuevas ideas.