Hacia mediados de los años 70, la Cooperativa de Crédito de Barcelona quebró. La Asamblea General de socios debía tomar la decisión de disolverla en una reunión extraordinaria. Hubo una serie de intervenciones explicando la situación, el por qué se había llegado y que había que hacer. En un momento de la reunión una chica, llorosa, preguntó por qué en el mundo de las cooperativas se debía hablar de dinero. Durante mucho tiempo pensé que era una anécdota chocante, y que quizás reflejaba el talante de algún colectivo de la época.

Hoy, con años de experiencia como consultor de organizaciones no lucrativas, y además, tesorero voluntario en dos entidades, me doy cuenta que lo que pasó en la asamblea de la Cooperativa de Crédito era ciertamente exagerado, pero la tendencia a no querer saber nada del dinero no es una anécdota.

Indudablemente, hay falta de cultura económica. Es casi un axioma que las entidades no lucrativas no pueden ganar dinero, y esto se traduce en unos presupuestos que no prevén excedentes. Pocas personas saben: qué es un balance y una cuenta de resultados, o distinguen entre lo que hay en el cajón y las ganancias o pérdidas de un ejercicio. Las organizaciones que procuran manejar bien, llegan a saber que no se ha hecho mal uso del dinero. Las pocas que recurren a expertos en contabilidad piensan más en pasar auditorías para no tener problemas con Hacienda, que en aprender qué pueden hacer y qué no, o saber dónde se han ganado y perdido el dinero.

Administrar el dinero significa admitir las limitaciones de la entidad: no se puede hacer todo lo que se quiere, o lo que se considera justo. Ignorar estas limitaciones y comprometer recursos inexistentes es -según el dicho popular- trabajar a lo loco (de la expresión árabe que viene a decir “Es en manos de Dios”, con que despachaban los pobres que pedían caridad). Por cierto, también lo hacen las administraciones públicas, pero eso es harina de otro costal.

No disponer de suficiente dinero, o de suficientes recursos en general, significa a menudo que no hay suficiente gente y / o instituciones que compartan el proyecto de la entidad. Están equivocados los demás cuando no priorizan como nosotros, o debemos explicar mejor y reconocer que sólo contamos con lo que aportan los que creen en el proyecto?