Y qué diferencia supone con respecto a la RSC que vienen realizando las empresas?

El 25 de septiembre de 2015, la Asamblea General de las Naciones Unidas aprobó la resolución denominada “Transformar nuestro mundo: la Agenda 2030 para el Desarrollo Sostenible”. La Agenda establece 17 Objetivos de Desarrollo Sostenible (“ODS”) y 169 metas; aunque no son jurídicamente obligatorios, existe el firme compromiso de los 193 países firmantes de coordinar los esfuerzos, integrar los ODS en sus estrategias nacionales y trabajar de acuerdo a las metas definidas desde el 2016 al 2030 (“Nos comprometemos a trabajar sin descanso a fin de conseguir la plena implementación de la presente Agenda de aquí a 2030”…y ..”prometemos que nadie se quedará atrás.”

Así, la Agenda 2030 establece un marco común consensuado que sirve de guía para todos los agentes de la sociedad,de la economía, de la política en la acción contra la pobreza y el deterioro del planeta.

El gran paso que supone para la cooperación internacional es que se abarca un concepto holístico, al afirmar que “the SDG are integrated and indivisible and balance the 3 dimensions of sustainable development…” es decir, ya no sólo se contemplan los aspectos medioambientales, sino que se incluye, de forma integrada e inseparable, las dimensiones, económica, medioambiental y social.

La Agenda 2030 hace un llamamiento a la movilización de todos los agentes de la sociedad y de la economía como agentes clave en la consecución de los ODS, así, en el artículo 67 hace referencia específicamente a las empresas:

Artículo 67: “La actividad empresarial, la inversión y la innovación y la innovación privadas son los grandes de la productividad, el crecimiento inclusivo y la creación de empleo. Reconocemos la diversidad del sector privado, que incluye tanto a las microempresas como a las cooperativas y multinacionales.

Exhortamos a todas las empresas a que aprovechen su creatividad e innovación para resolver los problemas relacionados con el desarrollo sostenible.

Fomentaremos un sector empresarial dinámico y eficiente, protegiendo al mismo tiempo los derechos laborales y los requisitos sanitarios y ambientales de conformidad con las normas y acuerdos internacionales pertinentes y otras iniciativas que se estén llevando a cabo en ésta esfera, como los Principios Rectores sobre las empresas y los Derechos humanos y las Normas laborales de la Organización internacional del trabajo, la Convención sobre los Derechos del Niño y los principales acuerdos multilaterales, para quienes sean parte en ellos.”

El gran reto para las empresas no es realizar acciones filantrópicas alineadas con alguno o varios de los ODS sino que consiste en integrar los ODS en su cadena de valor.

Al integrar ODS en la cadena de valor de las empresas se conseguirá el desarrollo de nuevos segmentos de mercado, el fomento de la innovación, la confianza del mercado y mejora de la relación con los clientes, empleados, sector público. Y, sobre todo, se paliará el coste negativo de no hacerlo: su propia obsolescencia o salida del mercado por falta de adaptación.