Se dice, o se llamaba “un griego, un teólogo, dos griegos, una iglesia, tres griegos, un cisma”. Este tipo de ciclo fatal parece que es lo que siguen muchas buenas ideas en el mundo de la gestión de las entidades: una buena idea en un contexto determinado extrapola más allá de lo prudente, se simplifica y se agüe suficiente para que resulte fácil de difundir, se montan cursos, asociaciones o normas y, finalmente, el emperador desnudo. Aunque empezara con una buena idea. Recordemos, por lo menos, conceptos como “Total Quality Management”, “Six Sigma”, “Excelencia Empresarial” que han completado el ciclo, y otros que están en camino.

“Responsabilidad Social Corporativa” es uno de esos conceptos. Entendido como “compromiso de la organización hacia las necesidades de sus grupos de interés en los diferentes ámbitos (laboral, acción social, medio ambiente, clientela y entidades proveedoras, y buen gobierno y transparencia), por medio de una implicación voluntaria y solidaria más allá de lo que establece la legislación vigente “se suele traducir en aportaciones de dinero o de tiempo de los trabajadores en proyectos con finalidad social. Cierto que estas aportaciones van más allá de la lesgislació, pero no menos cierto que no tienen ninguna relación con sus grupos de interés. En algunos casos se trata de verdaderos lavados de cara de entidades con una ética muy cuestionable. No nos costará mucho recordar el nombre de fundaciones que llevan el nombre de ilustres especuladores.

Y, en cualquier caso, una fundación, o si lo queremos, un “departamento de RSC” es asimilable a una entidad no lucrativa con fines sociales como otra.

Para nosotros, la responsabilidad de una empresa (no nos habría objetivos), es la que tiene con sus trabajadores y la de producir un bien o prestar un servicio útil para su cliente, y evitar, o minimizar, cualquier impacto negativo para cualquiera de las partes interesadas. Y si es posible, hacer que el impacto sea positivo. Acciones bienintencionadas de la empresa y / o de sus trabajadores son siempre positivas, pero no sustituyen la responsabilidad de la empresa en cuanto al impacto de su actividad.

Por tanto, entendemos que una empresa responsable de verdad, debe analizar sistemáticamente cuáles son todas las partes interesadas, y definir y medir (hasta donde pueda) el impacto que genera sobre cada una de ellas para mirar tras mejorarlo. Es evidente que las empresas pueden enfrentarse a dilemas entre diferentes intereses, o con criterios éticos difíciles de establecer … pero el solo hecho de plantearse dilemas ya las diferencia de empresas irresponsables o directamente perversas.

Invenies ha aceptado el reto de ayudar a una empresa industrial a medir y gestionar el impacto de su actividad, como ejercicio de su responsabilidad. Espero que podamos oír hablar pronto.